Nuestros Ancestros

 

Desde la prehistoria se puede observar la relevancia del acto de honrar a los ancestros en diversas sociedades con distintos grados de complejidad, lo que ha permanecido como un importante componente de varias prácticas religiosas en los tiempos actuales.

Los seres humanos, independientemente de la cultura a la cual pertenezcamos, de una u otra forma honramos a los ancestros, ya sea cuando hacemos ceremonias a los héroes, en los altares de las misas, en altares hechos sobre criptas buscando la fuerza espiritual provenientes de los muertos, en las ofrendas, bailes y danzas dedicadas a los difuntos, entre otros.

El acto de ocuparse de los ancestros es una costumbre primitiva, que inclusive ha sido considerada como el origen de las religiones, puesto que permite constatar el hecho de la muerte y además enaltecer la memoria de los difuntos, ya que existía la creencia de que la muerte era la prolongación de la vida.

Es común encontrar en los libros sagrados algún párrafo que dice: “Honra a tu Padre y a tu Madre”. Honrar, un acto de valorar, respetar y enaltecer a nuestros progenitores. El acto de honrar a los padres es el ejercicio básico de la Ancestrología, puesto que si honramos la semilla, el fruto es honrado también.

El culto a los ancestros es una práctica religiosa que está basada en la creencia de que los miembros de la familia que han muerto acceden a una nueva existencia, desde donde se interesan por los asuntos de su progenie. Por esta razón, desde el alma primitiva, la importancia de honrar a los ancestros radica en que este rito aseguraba la buena disposición de los muertos hacia los vivos y, por ende, el bienestar de las nuevas generaciones. Por ejemplo, en las tribus taínas de la actual Costa Rica, se rendía culto a los ancestros, puesto que se creía que al morir se habían convertido en espíritus protectores con poderes sobrenaturales.

Algo similar ocurría con tribus africanas, donde se pensaba que al estar los dioses en un lugar lejano, desde donde no lograban oír sus plegarias, los ancestros pasaban a ser intermediarios entre los dioses y ellos. Otro ejemplo más cercano sucede en la cultura mapuche, donde se cree que al morir y llegar al espacio de arriba, el antepasado se va junto a los dioses, pero aún continúa unido a los hombres. De esta forma, el antepasado se transforma en un mediador entre la condición sagrada y la humana.

Fuente: P.Engel, ancestrólogo chileno

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